Mitología Vasca: Tartalo

Publicado: 29 marzo, 2009 en Mitología Vasca // Euskal Mitologia

Tartalo


Tartalo, Torto o Alabari, es un cíclope antropomorfo, gigantesco, con un solo ojo en medio de la frente. Su tamaño es descomunal al igual que su fuerza, y su entretenimiento favorito es tirar piedras de un monte a otro.

Al contrario que otros personajes también gigantes, como los Gentiles, Tartalo es perverso, de instintos salvajes y muy agresivo. Se alimenta de niños e incluso se zampa a algún adulto de vez en cuando.

Se cree que habitaba en el monte Saadar (Zadar) en Zegama (Guipuzkoa) donde hay un dolmen llamado Tartaloetxea.



La leyenda cuenta que dos hermanos del caserío Antimuño sorprendidos por una tormenta en medio del monte Zadar, mientras se dedicaban a cazar, se refugiaron en una choza. Al poco entró también un rebaño de ovejas, y un gigante con un solo ojo en medio de la frente, propietario de la misma. Era Tartalo, el temido antropófago, quien cerró la entrada de la choza colocando una enorme roca en la puerta.

Al ver a los dos hermanos, sentenció:
- Tú para hoy – señalando al más viejo de los hombres,
- y tú para mañana – señalando al más joven.

Tras lo cual atravesó al mayor de los hombres con un largo asador, lo puso al fuego y después se lo comió con gran voracidad. Luego se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido.

Aunque muerto de miedo, el hermano sobreviviente colocó el pincho del asador en el fuego, esperó a que estuviera al rojo vivo y se lo clavó al cíclope en el ojo. Tartalo se incorporó dando alaridos, tratando de atrapar a tientas al de Antimuño. Pero el joven, se había ocultado entre las ovejas y las pieles que había por allí.

En vista de lo inútil de su búsqueda, el gigante apartó la roca de la entrada y se plantó en medio de la puerta con las piernas abiertas.

Haciendo salir a todo el rebaño por entre ellas, palpó a cada una de ovejas. Pero el prisionero, envuelto en una de las pieles, logra escapar. Para cuando el cíclope descubrió el engaño, el muchacho corría ya monte abajo.

Inició entonces Tartalo una pronta persecución, y como tenía las piernas mucho más largas que su perseguido, en seguida estuvo a punto de darle alcance. Aunque sin conseguirlo, pues el muchacho, en desesperación, optó por arrojarse a un pozo. También lo haría el gigante. Pero el de Antimuño, buen nadador, logró ponerse a salvo. Por el contrario, Tartalo, que no sabía nadar, pereció ahogado.



Otros fijan su residencia en la cueva de Muskia en Ataun (Guipuzkoa), donde la historia cuenta lo siguiente:

En cierta ocasión un gentil que vivía en la cueva de Muski atrapó a un cristiano. Y para que no escapase de la cueva le colocó en un dedo de la mano un anillo mágico que gritaba "estoy aquí, estoy aquí".

Un día el cristiano se escondió entre las pieles de oveja acumuladas por el gentil. Como oía el grito del anillo bastante lejos, pensó que podía provenir de lejos y abrió la puerta saliendo de la cueva. Entonces, el otro salió de las pieles, echó a correr y se alejó de allí en un santiamén.
Pero el gentil escuchó el grito del anillo y echó a correr tras él. En vista de la situación el cristiano se rindió pero pensó que podía cortarse el dedo del anillo y tirarlo al río Mekolalde; y así fue. El gentil, al escuchar que los gritos del anillo llegaban del fondo del río, saltó y se ahogó en él.



Fuentes: www.eltartalo.com // http://members.fortunecity.es //
www.ataunturismoa.net

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Comentarios
  1. Egoitz dice:

    lo unico que falta es informacion

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