Archivos para octubre, 2008

Sofía, ¿por qué no te callas?

Publicado: 31 octubre, 2008 en Otros...
 
Sofía, ¿por qué no te callas?
 

Cada vez que abre la boca un Borbón se pone de manifiesto la naturaleza antidemocrática de la institución que representa. Primero fue el rey (cada vez con más minúsculas), cuando mandó callar a un Presidente elegido democráticamente, algo que aunque aplaudido por los bufones de la Corte evidenció el poco respeto de las monarquías hacia las democracias plenas.

Ahora le ha tocado el turno a la reina (también con minúsculas) Sofía, quien se ha atrevido a abrir la boca para opinar de política en un país en la que no está sometida a ningún control democrático. Se manifiesta contra los matrimonios homosexuales, contra el aborto, contra la eutanasia y a favor de la religión en las escuelas. Sin duda esta señora es la "joya de la Corona".

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Ya lo ha dicho Antonio Romero: "la reina muestra su verdadera ideología, reaccionaria, conservadora y prácticamente filo fascista". Y no está sola en la Corte, y esa ha sido la razón del silencio discreto de los Borbones durante tres décadas. Hablar suponía ponerse en evidencia y eso era peligroso en una Monarquía sin monárquicos.

La Historia empieza dar la razón a los republicanos, es decir, a los demócratas. La institución caduca que supuestamente nos representa tiene los años contados en España, así que, Sofía, ¿por qué no te callas?. O aún mejor, sigue hablando.

Autor: Javier Parra
Fuente: www.larepublica.es

 

 
Basajaun (El señor del Bosque)
 
Basajaun es un genio o numen que, en muchos casos, habita en lo más profundo de los bosques o, en otros, en cavernas situadas en lugares altos. Es alto y su cuerpo tiene forma de humano, pero está cubierto de pelo que le llega hasta las rodillas y le cubre la cara, el pecho y el vientre.
 
Basajaun es el que protege a los rebaños. Cuando se acerca una tormenta da un grito para avisar a los pastores que retiren su ganado. También evita que el lobo se acerque. Las ovejas anuncian la presencia de Basajaun con una simultánea y colectiva sacudida y con el sonido de sus cencerros. Así, los pastores saben que pueden estar tranquilos, porque esa noche o día, el lobo no irá a molestarlos.
 

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En algunos sitios, Basajaun es representado como un ser maligno, dotado de fuerzas colosales y agilidad extraordinaria.

También algunos relatos populares muestran a Basajaun como el primer agricultor, primer herrero o primer molinero. Los hombres, mediante tretas, obtuvieron de Basajaun la primera semilla de trigo y aprendieron su cultivo. El hombre también le robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y el del modo de soldar metales.

Los Basajaunes cultivaban trigo en Ataun, en la montaña de Muskia. Un día, un hombre valiente, San Martiniko, fue a visitarles con la intención de quitarles algunas semillas de trigo. Llevaba calzado ancho y retó a los Basajaunes para ver quién atravesaba mejor, de un salto y sin tocar ningún grano, los montones de trigo que tenían en su cueva. Los Basajaunes lo atravesaron fácilmente, pero San Martiniko cayó en medio del montón donde sus abarcas se llenaron de trigo. Luego se despidió y se fue monte abajo. Los Basajaunes se dieron cuenta de que llevaba grano de trigo en su calzado y lanzaron contra él un hacha, su arma arrojadiza, que no alcanzó a Martiniko.

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Los hombres ya tenían la semilla de trigo pero no sabían cuando sembrarla. Martiniko volvió a ir a la cueva de los Basajaun y les oyó cantar una canción: "si los hombres supieran esta canción, bien se aprovecharían de ella: al brotar la hoja, siémbrase el maíz; al caer la hoja, siémbrase el trigo; por San Lorenzo, siémbrase el nabo". Después de escuchar eso, San Martiniko sembró las semillas en otoño y en verano obtuvo la primera cosecha de cereal. Y así su cultivo y el uso del pan se extendió por todo el mundo.

Gracias a otra treta, San Martiniko consiguió quitar al Basajaun el secreto de la fabricación de la sierra. Según cuenta la leyenda ocurrió en Oiartzun, allí los Basajaunes fabricaban sierras pero San Martiniko no sabía como hacerlo. Para descubrirlo mandó a su criado a anunciar que ya había fabricado la sierra. Al oír esto, el Basajaun le preguntó si su amo había visto la hoja de castaño, "no la ha visto, pero la verá" contesto el criado. San Martiniko vió la hoja dentada del castaño y labró una lamina de hierro. De noche, Basajaun fue a la herrería de San Martiniko para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al encontrar una allí, le e torció, alternativamente, a uno y otro lado,  los dientes, queriendo así inutilizarla. Pero el resultado fue el contrario, y mejoró la herramienta. Desde entonces se extendió el uso de la sierra en el mundo.

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De la misma manera consiguió averiguar San Martiniko, en Kortezubi, como el Basajaun soldaba dos piezas de hierro. Mandó anunciar que había conseguido el procedimiento para unir dos piezas y el Basajaun le preguntó al pregonero si San Martiniko roció con agua arcillosa ambas piezas. El pregonero contestó: "no lo hizó, pero lo hará". Así San Martiniko logró la soldadura del hierro y esa técnica se extendió por todo el mundo.

En Sara, el molino de San Martiniko era de roble y no aguantaba mucho, en cambio, el de Basajaun duraba mucho más. San Martiniko quería saber cómo era ese molino. Esta vez también utilizó el mismo método para averiguarlo: mandó a anunciar que su molino funcionaba perfectamente. El Basajaun dijo, "eso quiere decir que le ha puesto eje de aliso", a lo que el pregonero respondió, "se lo pondrá". Así los hombres pudieron usar sus molinos en todo el mundo.

Fuente: www.hiru.com

 

La trájica pesca de Franco en la Concha

Publicado: 13 octubre, 2008 en Otros...
 
Cinco muertes olvidadas
La trájica pesca de Franco en la Concha

La propaganda franquista ensalzó el Azor, el yate de Franco, como escenario de grandes capturas pesqueras del dictador. La historia oficial no recoge que también segó la vida de cinco donostiarras en la Concha. Los hijos de uno de ellos han ayudado a GARA a reconstruir uno de los dramas olvidados del franquismo.

El pasado 13 de setiembre, cuando se cumplían 72 años desde que las tropas franquistas se adentraron por las calles de Donostia tras dejar un reguero de sangre por las cunetas de Nafarroa, los jardines de Alderdi Eder acogieron el primer gran acto público en homenaje a las víctimas del franquismo en la capital guipuzcoana. Entre una extensa e inacabada lista de fusilados, por boca del historiador Iñaki Egaña saltaban cinco nombres que, al igual que los cerca de 380 fusilados identificados hasta la fecha, permanecían ocultos a la memoria histórica de la ciudad y de Euskal Herria.

José de Miguel, guardia municipal de 39 años; Benito Amiano, de 38 años; María Andrea Dolores, de 26; Manuela Rozado, de 20; y el niño José Ramón Rubial, de 9 años. Cinco nombres y cinco vidas que el infortunio quiso que se acabaran en la Bahía de la Concha. Pocos serán, seguramente casi nadie, los que en la capital en la que veraneaba el dictador Franco -emulando la tradición instaurada por los Borbones desde finales del siglo XIX- recuerden lo que sucedió aquel 19 de agosto de 1957. Y menos todavía los que conozcan qué ocurrió realmente en aquel aciago anochecer.

Mientras centenares de donostiarras rebeldes permanecían encarcelados en la prisión de Ondarreta, como era costumbre cada vez que el general fascista visitaba la ciudad, Franco copaba titulares en los medios bajo su control. Pocos días antes del suceso, el 7 de agosto, los diarios del Movimiento mostraban a un orgulloso Franco junto a un atún que, según especulaban, pesaba más de mil kilos. En la instantánea, «el Caudillo» muestra al ejemplar colgado de un mástil de su yate Azor, en medio de la bahía donostiarra.

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«Los peces se habían dado un festín…»

No habían transcurrido ni dos semanas cuando, el 19 de agosto, el Azor fue protagonista de otra cacería muy diferente, cobrándose vidas humanas. Una de las motoras que todavía realizan el trayecto entre el puerto donostiarra y la isla Santa Clara fue embestida y hundida en cuestión de minutos por la nave del dictador. Cinco personas fallecieron ahogadas y, casi al mismo tiempo, iban a quedar sepultados sus nombres, su memoria y la verdad de lo ocurrido.

No hay más que ver los rotativos de la época para comprender que todos dieron cuenta del «accidente» con un mismo texto, con análogo título y un espacio reducido en páginas interiores, pese a la gravedad objetiva del caso. «Accidente marítimo en la bahía de la Concha», informaban «La Voz de España» y «El Diario Vasco». Ambos insistían en que Franco no se encontraba a bordo del yate en el momento de la embestida e incidían en que «inmediatamente, el comandante y toda la tripulación del yate, con gran decisión, se lanzaron al agua y en menos de diez minutos consiguieron poner a salvo a los numerosos pasajeros de la lancha». Todo un acto «heróico» que, gracias a la eficacia de la maquinaria del régimen, quedó inscrito en todas las crónicas tal y como querían los franquistas.

La prensa añadía que incluso los ministros españoles de la Marina y del Ejército acudieron al fulminante sepelio que se ofició en el Buen Pastor. Lógicamente, a cualquiera le «chirría» la versión oficial. Más todavía después de conocer el relato que un nieto de Benito Amiano transmitió al historiador donostiarra Iñaki Egaña. Con objeto de aclarar y añadir nuevos datos al desconocido suceso, le reveló una versión extremadamente más dura, pero acorde a los procedimientos totalitarios de la dictadura.

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El testimonio señala que, tras el suceso, por miedo «al revuelo que se podía montar» en la ciudad, los cuerpos sin vida de los ahogados «permanecieron en el mar tres o cuatro días. Mis tíos fueron a reconocer el cuerpo de mi abuelo, y te puedes imaginar cómo estaba: los peces, cangrejos…, después de tantos días en el mar, se habían dado un festín con su cara y extremidades; ella aún se acongoja cada vez que lo recuerda».

A raíz de ese dato, GARA pudo contactar con los familiares de Amiano en Logroño, lugar en el que residían, aunque Benito Amiano era donostiarra. Julia Amiano Munilla y sus hermanos Blanca y Benito, que aquel fatídico día tenían respectivamente 14, 10 y 2 años, han recibido a este diario en su casa y han ofrecido su testimonio. El paso de tantos años no ha difuminado los detalles de lo ocurrido ni su interés en que se conozca la verdad.

Para Julia, todo comenzó con la llamada de urgencia de un vecino durante la noche del 19 al 20 de agosto. La información era escasa; solo tenían constancia de que su padre había muerto en un accidente. «Pensamos que, como era chapista, el accidente habría ocurrido en el taller, trabajando con algún coche», apunta. Con tan sólo catorce años, partió rápidamente acompañando a su madre. Recuerda que hacia las 6.00 del lunes 20 el tren ya les había llevado hasta Donostia. Acudieron directamente al domicilio familiar, y allí fue donde su abuela les informó de cómo se había producido todo.

«Franco iba en el yate»

«Nos dijeron que había sido Franco, que venía de pescar de Getaria y que no vieron la barca [el Azor la partió en dos]. En la barca irían más de 30 personas, sobre todo familias con niños pequeños que volvían de pasar el día en la isla, en el último barco», prosigue Julia Amiano, con una mezcla de resignación y enfado. Según les dijeron, «Franco iba en el yate; lo primero que hicieron fue llevarle a Ayete y después volver a por los accidentados».

«En ese momento dijeron que podía ser un sabotaje, algo que no era muy lógico viendo que la barca estaba repleta de niños y familias. Sin pararse a pensar en la gente ni recoger a los heridos, llevaron a Franco a Ayete para ponerlo a salvo, y luego volvieron. Pero ya habían muerto ahogados cinco personas, entre ellos mi padre. Quizás, si por lo menos los hubieran rescatado inmediatamente, no habrían muerto tantas personas», lamenta.

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El accidente no se pudo ocultar, lógicamente, por el lugar en el que se produjo y la cantidad de testigos que sobrevivieron, pero un mutismo derivado del miedo a posibles represalias se apoderó de la ciudad.

Los siguientes días fueron aún peores para la familia Amiano-Munilla. Desde el domingo 20 de agosto, tanto Julia como su madre se acercaban todas las noches al puerto en busca de noticias sobre su padre. Allí seguía la motora, partida en dos. Nada más. Pero en el acceso a la Bahía de la Concha, junto a la isla, desde el día del accidente aparecieron mucha boyas que acotaban una zona, con acceso vetado, en el que se podían ver a «hombres-rana», es decir, buzos.

A los dos días del accidente, el martes, se oficiaron los funerales por los cinco ahogados. «Pusieron cinco cajas fúnebres pero, claro, allí sólo se podía hacer el funeral de tres, porque el cuerpo de mi padre y el del guardia municipal, que era el guarda de la isla, aún no habían aparecido», explica Julia. Subraya que Franco no acudió al acto, aunque sí todo un elenco de autoridades que les dieron el pésame. Nada más.

Mientras, como en días anteriores, una noche sí y a la siguiente también, al puerto no llegaba ninguna noticia pero, gracias a algunos pescadores conocidos, los Amiano fueron informados de que los cuerpos sin vida de su padre y del guardia municipal estaban amarrados en el fondo del mar, en el lugar acotado por las boyas y los buzos.

«Nunca se me olvidará aquello»

«El sábado por la noche ya no vimos las boyas, y enseguida pensamos que ya los habrían sacado. Y así fue. Llamaron a casa de mi abuela para que fueran a reconocer el cadáver. Fueron mis tíos, sus hermanos, y volvieron enfermos de la impresión que les había causado, porque sólo pudieron identificarlo por los restos de la ropa. Los peces, durante tantos días, se habían comido todo: la cara, las extremidades…».

Tampoco les informaron del entierro de los dos cuerpos sin vida. Pero a primera hora de la mañana, previendo lo que luego ocurrió, se presentaron en el cementerio de Polloe. «Preguntamos al enterrador -su hermano Benito apunta que, casualidad, también eran familia por parte paterna- y él nos dijo que ya habían sido metidos en la fosa. En una fosa sin nombre ni nada. Nos la enseñó. Estaba abierta. Mira, tenía 14 años, pero nunca se me olvidará aquello. No se podía parar del mal olor que había, por la descomposición de los cuerpos por tantos días que pasaron sumergidos en la mar».

Los familiares de José de Miguel Martínez, originario de Los Arcos, se hicieron cargo del cadáver y lo trasladaron a la localidad navarra. La familia Amiano-Munilla, sin embargo, no pudo costear los gastos y colocaron una lápida con una pequeña leyenda. A posteriori recibieron 5.000 pesetas de la época en concepto de «donativo del Caudillo». Una minucia teniendo en cuenta que la viuda de Amiano tenía tres bocas que alimentar. Y hasta hoy. El silencio se impuso en aquel periodo que Jaime Mayor Oreja ha definido como «de extraordinaria placidez».

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El archivo judicial da la oportunidad de conocer, por ejemplo, que Manuela Rozado era, como el dictador, gallega, de Pontevedra. Pero nada más. Los encargados del archivo municipal de Donostia sólo ofrecen el acceso a las actas de los plenos del mes de setiembre, en los que no consta ni un solo dato. Sí figura, sin embargo, la subida del salario a los guardias municipales que acordó el equipo de gobierno y la concesión de la Medalla de Plata de la ciudad a Ur-Kirolak. A pesar de que uno de los fallecidos era también guardia municipal y pese a que ha transcurrido más de medio siglo para que esa información, por ley, sea de interés histórico, los encargados del archivo rehusaron facilitar a GARA la información requerida.

Aunque cueste mucho que la verdad emerja, ni aquellas 5.000 pesetas ni los vetos más taxativos han podido eliminar estos nombres de la memoria. Otras cinco víctimas del franquismo que esperan reconocimiento oficial.

 
Del veraneo de Felipe González a la oxidación en tierra burgalesa

El conocido yate de Franco contó con un predecesor: el Azorín. En ese barco, por ejemplo, el dictador mantuvo un encuentro de Estado con Juan de Borbón, el padre del actual rey de España, también en medio de la Bahía de la Concha, en 1948.

Al siguiente año, en 1949, los astilleros Bazán de Ferrol, localidad natal del dictador, construyeron el Azor. Un barco que habitualmente, además del dictador y sus invitados, navegaba con 41 marinos a bordo. Hasta la muerte de Franco, sirvió de yate de recreo. Y también después. En 1985, el político andaluz que tres años atrás había llegado a la presidencia del Gobierno español, Felipe González, protagonizó uno de los episodios por el que más críticas recibió tanto de sus detractores como de sus defensores. El líder del PSOE realizó un crucero a bordo del Azor entre Lisboa y Rota (Cádiz). Un viaje de verano que tuvo que interrumpir ante las fuertes críticas, que dijo no comprender.

A finales de enero de 1990, el Azor navegó hasta Ferrol, donde finalmente fue subastado y adquirido por un empresario burgalés. Actualmente, el yate se oxida en tierras castellanas, en la localidad de Cogollos.

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Autor: Gari Mujika
Fuente: www.gara.net

 

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Publicado: 7 octubre, 2008 en Otros...
 
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Autora: Neus V.
 
 
Anbotoko Mari (Mari Dama de Anboto)
 
 
Mari es la deidad principal de la mitología vasca. Representa la Madre Tierra. Se trata de un númen femenino en forma de una señora elegante. Su imagen varía según el pueblo o la zona geográfica. Mari puede aparecer portando en sus manos un palacio de oro, sobre un carro que vuela tirado por cuatro caballos, como una mujer en llamas que cruza el aire, puede estar montada sobre un carnero, como una mujer grande cuya cabeza aparece rodeada por la luna llena, etc. También se dice que adopta formas de animales cuando habita las regiones subterráneas que son su casa. Estas comunican con cuevas o simas donde ella aparece más a menudo. Acostumbrada a cambiar de morada y se le atribuyen unas cuantas en los montes Amboto, Oiz, Mugarra, Aizkorri, Aralar y Murumendi. A Mari también se la conoce también con el nombre de la Dama de Amboto. En Oñate se dice que cuando Mari reside en el Amboto, llueve copiosamente.

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En algunas leyendas estaba casada con Maju (también llamado Sugaar), y se decía que cuando ambos se juntaban se desataban tormentas.

Otra leyenda dice que Mari se casó con un mortal de Beasain que trató de bautizar a sus hijos. Como ella no era cristiana, se negó a bautizarlos y desapareció envuelta en llamas regresando a las peñas de Murumendi.

En la mayoría de las leyendas ella tenía dos hijos: Atarrabi y Mikelats, el primero bueno, malvado el segundo.

En ocasiones también se habla de la cautiva de Mari a causa de una promesa o de una maldición de su madre. Como ejemplo se puede citar el caso de una muchacha de un caserío que se pasaba las horas peinándose. La madre un día le dijo: "ojalá te lleven mil rayos", y al instante la hija desapareció. Más tarde se apareció en forma de esqueleto humano a un pastor en una cueva de Aizkorri y le explicó como se encontraba cautiva en los aposentos de Mari a causa de la maldición.

Mari desata tempestades, ayuda a quines creen en ella y a veces hace de oráculo, como en una ocasión en la que un hombre acudió a la cueva del Amboto pare pedirle consejo porque su ferrería no funcionaba, y esta le dio la solución.

Existía el culto a Mari en una serie de costumbres: obsequiarla con un regalo al año, frecuentemente un carnero; lanzar piedras al interior de las cuevas"En la planicie de Gaztelueta en la Sierra de Aralar hay un túmulo formado por piedras al que la gente arrojaba piedras en las noches de plenilunio. Existían charcas sagradas en las que hacían lo mismo las mujeres que deseaban tener hijos. También se depositaban monedas en las cuevas habitadas por los númenes, así se encontraron monedas romanas e íberas en muchas de ellas.

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También existía un protocolo al acudir a la casa de Mari que consistía en tutearla siempre, no sentarse nunca aún cuando ella lo pidiera, y salir de la cueva de la misma forma en que se había entrado: es decir, si se hubiera entrado mirando hacia al interior, habría que salir caminando hacía atrás.

Mari condena el robo y la mentira, y castiga quitando el objeto del robo o mentira. Se decía que Mari abastecía sus arcas a cuenta de aquellos que niegan lo que es y afirman lo que no es. Lo dado a la negación, la negación lo lleva. Mari castiga enviando inquietudes y quitando cosas, si son pastores suele llevarse un carnero. El castigo más ruidoso de Mari es el pedrisco, que lanza ella o su hijo Mikelats desde el mundo subterráneo.

Son muchas las leyendas, tantas como pueblos, que existen sobre Mari. En cada sitio existe una historia, una leyenda, que habla de su origen (en muchos casos con elementos posteriores al cristianismo, como el demonio, el bautizo, etc).

Aunque su morada principal está en Anboto, las cumbres del Oiz y del Aketegi (es conocida también como la "Dama del Aketegi" o "Aketegiko dama") son también de importancia para ella, junto con otras como el Murumendi o el Txindoki. Dicen que cada siete años cambia de morada, y en ese cambio se le puede ver surcar los cielos en un carro de fuego; dependiendo de la cumbre que habite, así será el tiempo que haga, lluvioso o seco. Otra característica es su larga cabellera rubia y la costumbre de peinarla al sol con un peine de oro a la entrada de su cueva.

Su presencia se hace incluso visible para el que observa el efecto del perfil de las montañas que se asemeja a una dama tumbada: la nariz de la dama (el Alluitz), el cuello (el llamado paso del diablo o puente del infierno (infernuko zubia) y los pies (el Amboto).

Distintas leyendas cuentan el origen de Mari, la más conocida dice que en una familia sin descendencia la mujer deseaba como fuese tener un hijo, a pesar de que a los veinte años se le tuviese que llevar el diablo, y al fin quedó embarazada de una hermosa niña. Días antes de que la muchacha cumpliera los veinte años su madre la encerró en una caja de cristal y la vigiló día y noche, esfuerzo inútil ya que el mismo día de su cumpleaños el diablo rompiendo la caja se la llevó consigo a la cima del monte Amboto, donde habita desde entonces.

 
Otra de las leyendas sobre la procedencia de Mari, de la cual existen distintas versiones, cuenta que una madre y una hija vivían juntas. Un día la madre enfadada maldijó a la muchacha diciéndola: "Ojalá te lleve el diablo". Al decir esto apareció el mismo diablo y se la llevó y la dejó vagando por los montes de la zona para siempre. En otras versiones de esta leyenda la maldición de la madre es distinta "Ojalá vueles por los aires tantos años como granos tiene una fanega de alubias rojas"

Una de las leyendas más importantes es la que nos cuenta por qué Mari habita y es vista en todos los Montes vascos. Mari es la encargada de llevar el buen y el mal tiempo de un lado a otro en el País Vasco y se dice que cuando Mari está en Amboto llueve, cuando está en Aloña hay sequía y cuando está Supelegor las cosechas son abundantes.

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Frecuentemente se ha asociado a la "Dama" con personajes de la historia de Vizcaya, creando una simbiosis entre mitología y historia, dando lugar a leyendas con diversas versiones:
 
Una de las leyendas cuenta cómo Doña Urraca, hija del rey de Navarra, se casó con Pedro Ruiz, señor de la casa de Muntsaratz de Abadiano. El hijo mayor, Ibon, era el destinado para ser el heredero y odiado por su hermana menor: Mariurrika. Un día en el que se encontraban en el Amboto mientras el hermano dormía, después de comer, movida por el odio y la envidia arrojó a su hermano, con la ayuda de una criada, por las verticales paredes de la montaña. A su regreso dijo que su hermano se había despeñado. Acosada por la conciencia, una noche se presentaron en Muntsarantz los Ximelgorris o genios diabólicos. Desde entonces ha desaparecido y se dice que habita en las cuevas de Amboto.

También se le vincula con el primer señor histórico del territorio, Diego López de Haro, al que se supone casada. Al casarse le hizo prometer que nunca se santiguaría en el interior de la casa, pero un día éste incumplió su promesa y Mari, inmediatamente, salió de la casa volando con su hija. Esta leyenda muy bien puede hacer referencia a los pactos alcanzados para mantener a Vizcaya dentro de Castilla y a la traición que los señores de Vizcaya realizaron cristianizando el país (y rompiendo el pacto con Mari). Esta leyenda es similar a la que narra la maldición de Melusina, debido a la maldición que su madre le hecha Melusina está obigada a convertirse los sábados por la noche en mitad serpiente, cosa que ocultó a su marido hasta que éste la descubrió, lo que provocó que ésta huyera volando.