La masacre de Jacinto Vera

Publicado: 19 agosto, 2009 en Otros...

La masacre de Jacinto Vera

Uruguay: 15 años despues

La historia del Filtro es una historia de solidaridades y desmemorias,
de represión bajo gobiernos conservadores e impunidad bajo gobierno
progresista. La historia del Filtro es un canto a la solidaridad entre
los pueblos, y es una lucha que ha quedado acuñada entre la gente. Es
una de las más grandes expresiones de acción por memoria y justicia que
sostiene el pueblo uruguayo de manera inclaudicable desde hace 15 años.

 


Nuestros vascos queridos

Hacia el año 1988, terminada la dictadura militar en Uruguay y
entendiendo que el proceso constitucional abierto les garantizaba no
ser sometidos a montajes judiciales y las tan corrientes torturas en
sus tierras originarias, la ciudad de Montevideo recibió la llegada de
unos 18 ciudadanos vascos, quienes escapaban del Estado Español como
perseguidos políticos por su militancia independentista. Sin embargo,
13 de ellos fueron detenidos. Poseían documentación falsa en prevención
de la persecución sufrida por vincularse –como gran parte del pueblo
vasco- a la causa independentista de una u otra forma.



El gobierno español los consideró integrantes de E.T.A y pidió la
inmediata extradición. Las autoridades españolas argumentaban que
cualquier retraso a estas exigencias ponía en duda la continuidad del
“Tratado de Cooperación” entre ambos países y que incluía el envío de
200 ambulancias, patrulleros policiales y préstamos para instalaciones
hospitalarias por 2 mil millones de dólares.

 
Los 3 vascos presos políticos


Tras más de 2 años de negociación, el gobierno uruguayo absolvió a 10
de los acusados, pero avanzó en la expulsión de tres de ellos, Jesús
Goitia, Luis Lizarralde y Mikel Ibañez. En 1993, los 3 vascos presos
iniciaron una huelga de hambre, que se interrumpió ante la falsa
promesa del poder ejecutivo de la época de ponerlos en libertad. Así se
inició el proceso de extradición de los presos políticos a las cárceles
españolas.


 


En agosto de 1994, llegaron a Montevideo comandos especiales de la
policía española con orden de articular con su fuerza par uruguaya la
extradición "sí o sí" de los vascos. Los presos políticos iniciaron una
nueva huelga de hambre como última esperanza de lograr el asilo.

 
La solidaridad y el derecho al asilo

Una parte importante del pueblo uruguayo se solidarizó con la medida de
protesta de los presos políticos vascos y se movilizó en defensa del
tan preciado derecho de asilo que 10 años antes –durante la dictadura-
había significado para muchos de ellos la posibilidad del escape del
terrorismo de Estado.



El 19 de Agosto el estado de salud de los detenidos se va deteriorando,
tras haber interrumpido la ingesta de líquidos, y son internados en el
Hospital del barrio de Jacinto Vera, en Montevideo (conocido también
como el hospital Filtro).  



El 20 de agosto, las organizaciones que apoyaban el reclamo de los
ciudadanos vascos se decidieron a acampar en torno al hospital dando a
conocer su solidaridad con los presos en huelga de hambre y reclamando
se cumpla con el derecho de asilo político. Con ikurriñas y cánticos
armaron fogones y carpas frente a la mirada nerviosa de la policía
uruguaya y los servicios de inteligencia españoles que pretendían sacar
a los vascos en ambulancia hacia el aeropuerto para cumplir con la
extradición. 



A medida que pasaban las horas los acampados en torno al hospital
aumentaron, se sumaron muchos jóvenes y trabajadores, y
proporcionalmente aumentaban las fuerzas represivas dispuestas en la
zona. El clima era cada vez más tenso. La madrugada del 24 de agosto
fueron los primeros desalojos de las calles aledañas al hospital por
parte de la fuerza policial. La brutalidad de la fuerza publica en esos
primeros incidentes evidenció hasta donde estaba dispuesta la policía
local en coordinación con los servicios españoles para asegurarse el
inminente traslado de los presos vascos.




El complicado panorama político

Un amplio espectro de fuerzas se proclamo contrario a las medidas
dispuestas por el ejecutivo uruguayo. Organismos de Derechos Humanos,
organizaciones sociales, incluso la Iglesia Católica, el Parlamento y
la Junta Departamental de Montevideo no fueron escuchados por el
entonces presidente Lacalle del Partido Nacional.


 


La izquierda parlamentaria y la Central de Trabajadores se mantuvieron
críticos a la resolución de extradición pero veían con preocupación la
creciente movilización popular (que –analizaban- podría complicar a la
campaña de la izquierda en las cercanas elecciones nacionales y
departamentales). A último momento, ambas fuerzas -por influjo de
importantes sectores del pueblo en las calles- se adhirieron a las
movilizaciones por la no extradición y el derecho de asilo.  



Con este marco político el pueblo movilizado forzó a los sectores
vacilantes de las direcciones gremiales a declarar una huelga general;
encolumnados, estudiantes y trabajadores recorrieron el centro de
Montevideo hacia el Hospital Filtro para sumarse a los campamentos.  

La represión del Filtro

Quienes acampaban en apoyo a los presos políticos tuvieron sitiada la
zona, vigilando rigurosamente cada entrada y salida de vehículos al
lugar para impedir lo que se preveia como una extradición inminente. En
esos instantes un avión de la fuerza aérea -con el motor encendido-
esperaba en el aeropuerto.


 


Cuando a las 17 horas de aquel 24 de agosto la marcha
obrero-estudiantil que congregó a miles, arribó a la zona del hospital,
la policía comenzó un nuevo operativo desalojo de los manifestantes.
encerrandolos entre los cuerpos de caballería y las brigadas de
infantería. Entre gases lacrimógenos los manifestantes eran heridos y
detenidos, los que lograban romper el cerco se replegaban hacia los
barrios lindantes para reagruparse y regresar por sus compañeras y
compañeros, y para evitar la extradición de los vascos. La autodefensa
de la gente constaba de piedras y barricadas, mientras que la policía
comenzaba a hacer circular la clave roja que implicaba una falsa alarma
de policías heridos de bala, para provocar el ingreso de refuerzos con
armas de fuego y ejecutar la masacre. 



Cuando los manifestantes lograron una relativa recuperación de la zona
y se mantuvieron en el lugar sin sospechar que en camino estaba un
convoy de patrulleros y ambulancias que atravesarían las columnas de
manifestantes abriendo fuego y atropellando.


 


Fue en esa emboscada demencial contra los manifestantes que la policía
provoca los heridos de mayor gravedad. Los médicos que se acercaron a
la zona para socorrer heridos también fueron reprimidos con ferocidad.
El enfermero Esteban Massa logró sobrevivir a pesar de haber sido
baleado por la espalda cuando intentaba conducir un herido al hospital.
Otros heridos buscaron refugio en un centro de salud en la zona que fue
atacado por uniformados con granadas de gas.


Los asesinatos de Morroni y Facal

Policía de civil esperó a los manifestantes que se dispersaron hacia
los barrios cercanos. Fernando Morroni -de apenas 24 años- fue
alcanzado por múltiples disparos de escopeta recortada en el hombro, en
el tórax y en el corazón, realizados a menos de dos metros de distancia.



Hacia la madrugada se conoció la muerte de Roberto Facal, otro joven
militante y estudiante de arquitectura. La policía intentó encubrir el
asesinato con un parte policial que lo involucraba en un supuesto
crimen pasional.



A parte de los 2 asesinatos se produjeron cientos de herido graves,
personas que quedaron hemipléjicas por los golpes y la perdida de masa
encefálica, ciegos por disparos e inválidos para siempre.

 

La extradición y el después

Pasadas las 22 horas los presos políticos vascos fueron transportados rápidamente hacia el aeropuerto con rumbo a España.

 


Días después el Ministro del Interior Uruguayo fue interpelado por el
Parlamento por sus responsabilidades en la llamada desde ese día
“Masacre del Filtro”.Consultado sobre las víctimas, respondió: “fue
necesario sacrificar un caballo que presentaba una herida punzante en
una pata”.


 


La justicia no encontró responsables materiales de los asesinatos,
procesó sin prisión a varios oficiales a cargo del operativo represivo.



Hoy – a 15 años de esos hechos- esos oficiales han vuelto a ocupar los
máximos cargos de la policía. Ante las denuncias efectuadas por
organismos de Derechos Humanos, el actual gobierno de Tavaré Vazquez se
justifica diciendo que no tiene mejores hombres que esos para que
ocupen esos cargos, y que "su responsabilidad en los hechos es dudosa".

A continuación reproducimos la nómina y la situación en la que se encuentran algunos de los represores del Filtro:

Juan Miguel Rolán
Se desempeñó en el Filtro como Teniente primero al frente de un grupo
de quince coraceros a pie. Procesado y condenado por el juez Imas como
responsable de ataques a la población civil, castigándola con palos,
gases y granadas químicas. Rolán declaró ante la justicia, buscando
eximir su responsabilidad de los hechos del Filtro, alegando “su
imposibilidad de ejercer control sobre 15 policías”.


Hoy es el segundo del regimiento de la guardia Republicana, bajo esta
unidad funciona la guardia de coraceros y de granaderos. A cargo de él
se encuentran la guardia de Coraceros y Granaderos en Montevideo, a
quienes en su momento no puedo controlar.
 
 
 
Raúl Guarino  
En el Filtro fue Segundo jefe, subordinado Rolán. Comandó el cuerpo
denominado Hipo, de coraceros a caballo que avanzó sobre los
manifestantes. La justicia comprobó que el fue quien ordenó el
lanzamiento de dos granadas. Una de ellas dentro de un local de
emergencia móvil. Las granadas fueron lanzadas, a pesar de que había
orden expresa de la jefatura de Montevideo en cuanto a que no se usaran
“armas químicas”. Hoy es Director de Seguridad de Montevideo, esto es
Jefe de las 24 Comisarías del país.  

 
Erode Ruiz  
Comisario, al frente de seccional 23ª durante la represión. Al frente
de la seguridad exterior del hospital Filtro, con 20 hombres a su
cargo. Comandó junto con Martín Gutiérrez el convoy compuesto por
ambulancias, patrulleros sin matricula y otros vehículos que irrumpió
entre a multitud comenzando a disparar a mansalva contra los
manifestantes. Hoy está al frente de la Jefatura de Policía de
Lavalleja, donde presta servicios como subjefe Adán Cuello, quien posee
antecedentes penales en democracia por castigos aplicados a un
detenido.

Fuente: www.prensadefrente.org

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