Archivos de la categoría ‘Mitología Vasca // Euskal Mitologia’

Herensuge

Herensuge es el nombre del dragón vasco más famoso. Dentro de la mitología de Euskal Herria, estas criaturas fabulosas no son demasiado comunes. A veces se le confunde con Sugaar, pero el mito de Herensuge es mucho más antiguo y arraigado entre los vascos. Se le atribuye una genialidad diabólica, destructiva. Se le representa generalmente como un dragón o como una gran serpiente de siete cabezas aunque hay relatos en los que se la describe con solo una (de ahí la confusión).

Es representado como un espíritu demoniaco y destructivo que volaba dejando un rastro de fuego, y haciendo un sonido aterrador. Se alimentaba de caballos, burros y resto de nimales que pastaban por las montañas vascas, y a veces raptaba seres humanos y los ahogaba, se los comía o, simplemente, los hacía enloquecer.

Herensuge es conocido por muchos nombres, variando según la región, de este modo, en Game es conocido como Errensugue; como Erensugue y Edersugue en Sara y Zugarramurdi; Herainsugue, Herensugue y Lerensugue en Ezpeleta, Ainhoa y Tardets; Egansuge en Renteria; Edaansugue en Renteria y Uhart-Mixe; Iraunsugue en Ataún; Ersuge en Otxandiano; Sierpe en Zubiri y Lekeitio; Hensuge en Liguinaga; Edeinsuge en Doneztebiri; Iguensugue en Zaldivia; y Dragoi en Mondragón.


A partir de la Edad Media, su figura se cristianiza y empieza a ser relacionada con el diablo. De este modo, mitología vasca y religión cristiana se funden en la leyenda de Don Teodosio de Goñi, en el siglo VIII. muy parecida a la de San Jorge y el Dragón, tan conocida en Cataluña.

Esta dice que, Don Teodosio de Goñi, el cual era un caballero que volvía victorioso de una guerra, se encontró con el demonio disfrazado de ermitaño. Éste le dijo que, en su ausencia, su mujer le había sido infiel. Al llegar a su casa mató a su padre y a su madre que estaban durmiendo en su cama porque les confundió con su propia mujer y un amante.

Cuando se dio cuenta de su error se encaminó hacia Roma para que fuese el Papa quien le absuelviese de tan terrible culpa. Éste le impuso como penitencia vagar errante arrastrando una pesada cruz al hombro, llevando también una argolla colgada al cuello y cadenas en su cintura.

Volviendo a su tierra desde Roma, pasó cerca de una cueva y allí se encontró con una muchacha que estaba llorando. Al preguntarle qué le pasaba, la chica le contestó que le había tocado en suerte ser comida ese día por Herensuge, por el bien de su pueblo.

El valeroso caballero se ofreció a ocupar su lugar y luchar con el dragón, pero apenas tenía fuerzas después de acarrear hasta allí su penitencia. Cuando estaba a punto de desfallecer y ser comido por Herensuge, invocó a San Miguel Arcángel y le suplicó que le ayudara. Éste bajó del cielo y mató a Herensuge con su espada de fuego. También rompió las cadenas del caballero y le perdonó su pecado.

Desde ese día, según cuenta la leyenda, se alza en aquel lugar el santuario de San Miguel in Excelsis (Sierra de Aralar, Navarra).

Se dice tambien que, vencido para siempre desde hace siglos, Herensuge dormita bajo el trazado del Plazaola. A medio camino entre Pamplona y San Sebastián, su cuerpo reposa entre dos inmensos valles: al oeste, Aralar, y al este, Ultzama.


Otra de las leyendas narra que cerca de Ahuski hay una cueva llamada Azalegui donde vivía Hensugue. Se dice que con su aliento atraía el ganado del monte y se lo comía. Harto de que eso ocurriera, uno de los hijos del conde de Zaro lo mató. Para ello despellejó a un toro y lo rellenó de fósforos y pólvora, lo cosió y lo cargo encima de su caballo hasta la puerta de la cueva donde estaba Hensugue. Para llamar su atención comenzó a silbar y cuando este se asomó a la boca de la cueva le arrojo el toro. La serpiente con su aliento atrajo al "supuesto toro" y lo engulló. Al momento Hensugue comenzó a arder y salió volando por los aires. El conde no podía creer lo que sus ojos veían y se montó muy asustado en el caballo para salir corriendo, pero siguió divisando el vuelo de la serpiente en llamas. A su paso fue quemando y segando con su cola todos las puntas de las hayas del bosque de Itze "Arbailles" hasta llegar a Itxasgorrieta donde se hundió en el mar. Dicen que nunca más se volvió a ver a Hensugue, pero el conde murió del susto.

Otra de las historias que se cuentan, ambientada en Mondragón, dice que quién lo mató fue un herrero, harto de sufrir los ataques de Herensuge, forjó una barra de hierro y con ella acabó con el dragón.

Fuentes: www.linkmesh.com // http://agora.ya.com // http://cabalayka.blogspot.com // http://entremundos.iespana.es // www.euskomedia.org

Sugar


Sugar, o Sugaar, es descrito como una
gran serpiente o como un dragón que posee la habilidad de volar y la
facultad de poder transformarse en hombre. Se considera que Sugar
sería la pareja sentimental de Mari, y debido a sus encuentros, los
viernes de todas las semanas, se les responsabilizaba de las grandes
tormentas que en esos días sacudían todo el territorio.

Las leyendas también narran que, en
Ataun, se podía ver a Sugar surcando el firmamento en forma de hoz o
media luna de fuego, y que esto era también presagio de tormentas y
tempestades. También se cuenta que una de sus labores es la de
castigar a quienes desobedecen a sus padres o han sido malditos por
ellos. Por ello, está considerado como una figura negativa,
llegándose a compararle con el mismísimo diablo en algunos lugares.

Como muchos otros númenes vascos,
Sugar también habita en distintas cuevas conectadas por túneles
entre si. Algunas de estas se cree que son la de Uztei (en el monte
Balerdi, en Betelu) otra en la sima de Agamenda, y Sugartzulo de
Kuutzegorri , en Ataún (Guipúzcoa).

Sugar en conocido con distintos nombres
por toda la geografía vasca. Así, en Arrate es conocido como Sugoi,
y como Maju o Majue en Azkoitia. En Betelu es conocido con el nombre
de Suarra.

Una leyenda vizcaína lo vincula al
origen mitológico del linaje de los señores e Bizkaia. Según esta
leyenda, una princesa escocesa refugiada en Mundaka tuvo un encuentro
erótico con Sugar, de donde nacería Jaun Zuria, primer señor de
Bizkaia.

En Dima (Bizkaia) cuenta la leyenda que
dos hermanos del caserío Bargondia, una tarde paseando se
encontraron con Sugoi en la cueva de Baltzola y que su figura era una
serpiente. El hermano más pequeño le tiró una piedra y le cortó
la cola y el mayor le recriminó por lo que había hecho.En esto un
terrible estruendo sonó en el interior de la caverna, cosa que puso
en fuga a los dos muchachos. Pasó el tiempo y el mayor de los
hermanos fue llamado a ser soldado. Estando de servicio por
Nochebuena, añorando su casa y a los suyos, se le presentó un feo
individuo, que le preguntó si deseaba ir a Baltzola. A ello
respondió el soldado afirmativamente. Mediando para ello la
condición de que llevase dos cosas a su casa, que le daría en la
cueva, ambos se encontraron en un instante en la mencionada caverna
vizcaína. Le dio entonces el desconocido al muchacho un terrón de
oro para él, y un cinturón de seda para su hermano. Pasados tres
días tendría que regresar a la cueva, para encontrarse nuevamente
con aquel tipo. La sorpresa de su familia al verlo entrar por la
puerta fue indecible, pero aún fue mayor cuando el soldado relató
con todo detalle cuanto le había sucedido. Entonces el hermano
menor, rechazando el cinturón, mandó al recién llegado que lo
ciñese al nogal que había delante de la vivienda. Nada más hacerlo
el árbol prendió como la pólvora, volatilizándose y dejando un
profundo hoyo en el suelo. Al día siguiente se presentaron ambos
hermanos en la cueva. Salió a recibirles un mal encarado individuo,
al que le faltaba un brazo. Sin mediar saludo, preguntó al menor de
los hermanos: "¿Porqué me has dejado manco?" A lo que el
muchacho respondió que él, ni había dejado manco a nadie, ni
conocía a aquel tipo de nada. Pero el manco insistió, haciéndole
recordar que tiempo atrás había apedreado allí mismo a una
serpiente. Aquel reptil era él y la cola que le arrancó equivalía
al brazo que ahora le faltaba. El hombre, sorprendido aún por ver al
hermano menor con vida, entonó en voz firme la siguiente maldición:
“no faltará jamás manco, cojo, sordo o ciego en Iturriondobetia",
tras lo cual, fue desapareciendo poco a poco en el interior de la
cueva.

La relación de culebras con el hombre
ha quedado reflejada en muy diversas leyendas, situadas en otros
tantos puntos de la geografía vasca, especialmente en zonas de
pastoreo. 

En la sierra de Aralar es muy conocida
una en la que un pastor cría una serpiente, logrando domesticarla y
que acudiera a su encuentro cuando la llamase con un silbido, como si
de un perro se tratase. Claro, que el pastor se equivocaba, pues lo
que impulsaba al reptil a realizar tal comportamiento, era la leche
que el hombre le traía. Por eso, cuando mucho tiempo después, aquel
pastor pasó por esa zona, quiso demostrar a sus compañeros su
habilidad y llamó a la serpiente con el silbido característico, el
animal, viendo que no le traía leche, se lanzó al cuello del hombre
y lo mató.

Variantes de esta leyenda se localizan
en Gorriti, Mutriku, Andoain y Kortezubi. En Salcedo (Alava), en
cambio, el reptil es quien perece a manos del hombre, quien quería
mostrar la serpiente a su prometida. En este caso se añade un
elemento cristiano, ya que la muerte del animal se produce cuando el
pastor le aplasta la cabeza con la puerta de una ermita.

En otra leyenda de Kortezubi, la
serpiente se muestra retadora. Se trata de una variante de otro
relato donde el protagonista es un gentil.

En este caso el reptil sale a medir sus
fuerzas con un hombre, topándose en el camino con una zorra, quien
le indicó una ferrería, como el lugar donde había hombres
forzudos. Uno de los ferrones, aceptando el reto, la hace esperar
fuera, mientras él calienta al rojo vivo unas tenazas. Luego la
sujetó fuertemente con ellas, y mientras la serpiente se retorcía
desesperada pidiendo que la dejase en paz, el ferrón le advertió:
"Esto te lo hago con tan sólo dos dedos, si hubiese empleado
los diez ya estarías muerta". La culebra se marchó dolorida y
humillada. Según dicen, desde entonces las alimañas del monte
tienen mucho temor al hombre.

Fuente: www.geocities.com
// http://entremundos.iespana.es // www.portalvasco.com
// www.galeon.com


Tartalo


Tartalo, Torto o Alabari, es un cíclope antropomorfo, gigantesco, con un solo ojo en medio de la frente. Su tamaño es descomunal al igual que su fuerza, y su entretenimiento favorito es tirar piedras de un monte a otro.

Al contrario que otros personajes también gigantes, como los Gentiles, Tartalo es perverso, de instintos salvajes y muy agresivo. Se alimenta de niños e incluso se zampa a algún adulto de vez en cuando.

Se cree que habitaba en el monte Saadar (Zadar) en Zegama (Guipuzkoa) donde hay un dolmen llamado Tartaloetxea.



La leyenda cuenta que dos hermanos del caserío Antimuño sorprendidos por una tormenta en medio del monte Zadar, mientras se dedicaban a cazar, se refugiaron en una choza. Al poco entró también un rebaño de ovejas, y un gigante con un solo ojo en medio de la frente, propietario de la misma. Era Tartalo, el temido antropófago, quien cerró la entrada de la choza colocando una enorme roca en la puerta.

Al ver a los dos hermanos, sentenció:
– Tú para hoy – señalando al más viejo de los hombres,
– y tú para mañana – señalando al más joven.

Tras lo cual atravesó al mayor de los hombres con un largo asador, lo puso al fuego y después se lo comió con gran voracidad. Luego se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido.

Aunque muerto de miedo, el hermano sobreviviente colocó el pincho del asador en el fuego, esperó a que estuviera al rojo vivo y se lo clavó al cíclope en el ojo. Tartalo se incorporó dando alaridos, tratando de atrapar a tientas al de Antimuño. Pero el joven, se había ocultado entre las ovejas y las pieles que había por allí.

En vista de lo inútil de su búsqueda, el gigante apartó la roca de la entrada y se plantó en medio de la puerta con las piernas abiertas.

Haciendo salir a todo el rebaño por entre ellas, palpó a cada una de ovejas. Pero el prisionero, envuelto en una de las pieles, logra escapar. Para cuando el cíclope descubrió el engaño, el muchacho corría ya monte abajo.

Inició entonces Tartalo una pronta persecución, y como tenía las piernas mucho más largas que su perseguido, en seguida estuvo a punto de darle alcance. Aunque sin conseguirlo, pues el muchacho, en desesperación, optó por arrojarse a un pozo. También lo haría el gigante. Pero el de Antimuño, buen nadador, logró ponerse a salvo. Por el contrario, Tartalo, que no sabía nadar, pereció ahogado.



Otros fijan su residencia en la cueva de Muskia en Ataun (Guipuzkoa), donde la historia cuenta lo siguiente:

En cierta ocasión un gentil que vivía en la cueva de Muski atrapó a un cristiano. Y para que no escapase de la cueva le colocó en un dedo de la mano un anillo mágico que gritaba "estoy aquí, estoy aquí".

Un día el cristiano se escondió entre las pieles de oveja acumuladas por el gentil. Como oía el grito del anillo bastante lejos, pensó que podía provenir de lejos y abrió la puerta saliendo de la cueva. Entonces, el otro salió de las pieles, echó a correr y se alejó de allí en un santiamén.
Pero el gentil escuchó el grito del anillo y echó a correr tras él. En vista de la situación el cristiano se rindió pero pensó que podía cortarse el dedo del anillo y tirarlo al río Mekolalde; y así fue. El gentil, al escuchar que los gritos del anillo llegaban del fondo del río, saltó y se ahogó en él.



Fuentes: www.eltartalo.com // http://members.fortunecity.es //
www.ataunturismoa.net

 
Zezengorri
Zezengorri (toro rojo) es un ser que vive en cuevas. Adopta forma de vaca o toro y protege las moradas de Mari, cuevas y otros lugares "misteriosos" de la geografía vasca. Hay personas que creen que es la propia Mari. Cabe destacar que el toro ha sido muy importante en toda la cultura del sur de Europa.
La más frecuente metamorfosis de los espíritus subterráneos es la del toro rojo y/o toro de fuego. Numerosas simas y cuevas de Euskal Herria están guardadas por Zezengorri, que acomete contra quien penetra en ellas o tira piedras a las mismas.
 
Esta creencia se relaciona con Betizu (vaca salvaje) que antaño pastó libremente por nuestras montañas. Por otr lado, Behigorri (vaca roja) se identifica exclusivamente con una aparición de Mari. Aralar, Sara, Etxalar, Ataun, Orozco,… cuentan con leyendas de estos genios.
 

 
Una de ellas dice…
Tres hermanos del caserío Imatzenea (en Ataun, Guipuzcoa) subieron al monte con sus ovejas en viernes santo, a la majada de Ubegi. Estando en las proximidades de la cueva de Ubegi salieron tres toros mitológicos (zezengorri) de la cueva y se dirigieron hacia ellos.
Los tres hermanos, asustados, huyeron hacia la cima Agautz con los toros mitológicos detrás. Uno de los hermanos murió en el paso Aldatsa de Agautz; el segundo en el entorno de Erremedio; y el tercero consiguió llegar a casa pero murió a los pocos días.
 
 
Otra leyenda sobre Zezengorri narra lo siguiente…
 
Hace mucho tiempo vivía en Orozco (Alaba) un ladrón al que su oficio le iba viento en popa. Todos los días conseguía robar algo y siempre se trataba de algo de valor, y sin embargo, por mucho que le buscaran, no conseguían atraparlo…
 
Tenía su guarida en una cueva del monte Itzine y allí iba guardando todos los tesoros robados: monedas de oro, cadenas, anillos, hebillas de brillantes, colgantes de perlas…
 
Algunas veces tenía que alejarse muchos kilómetros de Orozco para cometer sus fechorías puesto que era de sobra conocido en aquella región y en cualquier momento podían echarle el guante los miqueletes que hacían guardia día y noche con el fin de atraparlo. Una de esas veces, en las que se encontraba lejos de su casa, se murió. No dice la historia cuál fue la causa de la muerte pero lo mismo pudo ser un atracón de comida a la que era muy aficionado, como una caída de caballo. El caso es que allí donde murió, allí le enterraron.
 
En cuanto se tuvo en Orozco conocimiento de la noticia, se organizó ina cuadrilla para ir al Itzine en busca del tesoro del ladrón. Pasaron días y días buscando la cueva pero no la encontraron y finalmente, bastante decepcionados, todos los hombres volvieron a casa.
 
Algún tiempo después, llegaron a Orozco unos señores de Bilbao con una serie de mapas y señalizaciones. Fueron al Itzine y en unas pocas horas encontraron la cueva de Atxulaur. ¡Qué alegría y parabienes! ¡Qué buena noticia en el pueblo! Rápidamente, los alrededores de la cueva se llenaron de curiosos y con gran ceremonia y aparato se prodedió a entrar en ella.
 
No bien hubo puesto el primero de la comitiva el pie dentro de la cueva cuando un rugido espantoso, parecido al mugido de un toro bravo pero mucho mas fuerte, le heló la sangre. El hombre retiró el pie.
 
-¿Habéis oido? -preguntó al resto-
-¡Yo sí! ¡Yo sí! -dijo uno- ¡Es el diablo de la cueva!
-¡Qué diablo ni qué ocho cuartos! -respondió otro- .En estos sitios siempre se oyen ruidos extraños, es el viento que se introduce por algín agujero…
-¡Ah! -volvió a decir el primero- puesto que estás tan seguro, ¡ve por delante!
-¡Naturalmente que iré! ¡No faltaría más!
 
Y el valiente penetró decididamente en la cueva. ¡No le dió tiempo ni a contar hasta tres! Apareció un toro dos veces más grande que lo normal y que echaba fuego por las narices. La bestia sopló y escarbó en la tierra con claro ánimo de atacar a los intrusos. Los hombres, que presenciaron aterrados la aparición, dieron media vuelta y salieron corriendo de la cueva.
 
-¿Qué era eso? -preguntó uno.
-¡El diablo! ¡Ya os lo había dicho! -dijo el otro.
-¡Adiós tesoro! -volvió a decir el primero.
-¡De eso nada! -replicó el valiente-.  ¡Entraremos ahí dentro cueste lo que cueste!
 
Volvieron a Orozco y se informaron con los más sabios del lugar. Cada cual daba una versión distinta. Para unos era el diablo, no había duda, ¡llevaba incluso cuernos! Para otros era Mari y ésa era una de sus moradas; para los más escépticos, era un toro normal y corriente que se habría escapado de algún caserío…pero finalmente el más viejo de todos dijo:
 
-Ni diablos, ni Mari, ni toro perdido…es el espíritu del ladrón que ha vuelto a su casa y necesita sus restos para descansar en paz.
 
Así pues, se organizó otra comitiva para ir hasta aquel lugar en donde había muerto el ladrón y regresar con los huesos o los restos que quedasen de él.
 
Volvieron a los pocos días con los restos y los depositaron a la entrada de la cueva; se convirtieron al instante en polvo. De nuevo se aventuraron dentro de la cueva y, con gran alegría, comprobaron que el toro no aparecía, ni se oía el menor ruido pero el tesoro estaba allí, intacto, resplandeciente… Fueron sacando todas las cajas y baúles, repletos de cosas, hasta que no quedó dentro ni una pequeña moneda de medio céntimo. En eso, se oyó una voz, que algunos reconocieron como la del ladrón, dijo:
 
-¡Gracias por haberme sacado el tesoro!
 
Y ante el asombro de todos los allí presentes, cajas y baúles desaparecieron sin siquiera dejar la marca en el suelo.

 

 

 
Mateo -Txistu
 

Cuando en las noches de tempestad se siente crujir las ramas de los árboles, el viento rugir entre las montañas y ladrar una extraña jauría de perros, la gente, sobrecogida de temor junto al fuego del hogar, solía susurrar: “Abadearen txakurrak“, es decir, “Los perros del abad”. Pero, ¿quién es tan misterioso clérigo, que asusta a los ciudadanos en las noches de tormenta?… pues es, ni más ni menos, que Mateo Txistu, el cazador errante.

Cuenta la leyenda que era éste un sacerdote, gran aficionado a la caza, a la que dedicaba buena parte de su tiempo. Un día, mientras oficiaba misa, sintió ladrar a sus perros, alertándoles tal vez de la cercana presencia de una liebre. La reacción del cura fue entonces la de dejar la sagrada forma sobre el altar, tomar presuroso su escopeta y correr en pos de la presa. Más su carrera ya nunca tendría fin.

tinieblas_foto

Castigado por el Cielo, corre desde entonces, día y noche, año tras año, por toda la eternidad, persiguiendo una imposible presa. A veces se deja sentir, aunque nunca ver, por algunos humanos. Sucede durante fuertes temporales, o en días húmedos y brumosos. De su presencia tan sólo se advierten los ladridos de su jauría y un gran torbellino atravesando los bosques.

Se dice que en Segura (Guipúzcoa) una bruma portadora de un espíritu maligno que causa diversos males, tales como plagas que arruinan las cosechas de cereales, patatas y hierba y que es portadora de cólera, cruzó el pueblo en forma de neblina, dejando la desolación a su paso. Los habitantes decían que habían oído a los perros ladrar y que sus cosechas y animales enfermaron y los niños que oyeron los ladridos de los perros, fueron víctimas de locura y que por ello, tuvieron que trasladar al pueblo a un montículo, para que la bruma del mal, termináse su faena sobre la tierra donde yacía el pueblo.

También existen otras formas de llamar a Mateo Txistu en diferentes localidades del País Vasco como:

Juanito Txistularia, en Vizcaya.

Salomon Erregea, en Zuberoa.

Eiztari beltza, salomon apaiza o abade txakurra, en Álava.

Martín Abade, en Mondragón (Guipúzcoa).

mt

Existen diversas leyendas y mitos a cerca de este personaje tanto en España como en otros países europeos: se comenta que el cazador era primo de la diosa Mari o el cazador salvaje del folklore alemán Helljäger, supervivencia del mito de Odin, dios de las almas, o como el Odinjäger sueco.

En Cataluña existe el mito del cazador errante tanto como en otras culturas de la península ibérica, el llamado Mal Caçador, apodado así por su desmedida afición a la caza.

Otras leyendas sobre Mateo – Txistu

Según contaban en Ataun, a principios de este siglo, una mujer del caserío Tellerietxe vio las sombras del cura y sus perros en una noche de invierno a la luz de la luna. En el barrio Gesalibar de Mondragón, por su parte, dicen que el cazador Martin abade, que había sido cura de Udala, anda por todo el mundo con sus perros y que éstos ladran constantemente. Además, los canes lanzan una llama de su boca al ladrar.

Asimismo, cuentan en Soraluze que Juanito txistularixa, cura de Elosua, estaba celebrando Misa, cuando se le presentó a su derecha el diablo en figura de liebre. El cura dejó la misa al instante y siguió con sus perros a la supuesta liebre. A raíz de aquello Dios le castigó a que anduviese eternamente cazando.

Fuente: www.jpsica.com // www.hiru.com

 

 
Basajaun (El señor del Bosque)
 
Basajaun es un genio o numen que, en muchos casos, habita en lo más profundo de los bosques o, en otros, en cavernas situadas en lugares altos. Es alto y su cuerpo tiene forma de humano, pero está cubierto de pelo que le llega hasta las rodillas y le cubre la cara, el pecho y el vientre.
 
Basajaun es el que protege a los rebaños. Cuando se acerca una tormenta da un grito para avisar a los pastores que retiren su ganado. También evita que el lobo se acerque. Las ovejas anuncian la presencia de Basajaun con una simultánea y colectiva sacudida y con el sonido de sus cencerros. Así, los pastores saben que pueden estar tranquilos, porque esa noche o día, el lobo no irá a molestarlos.
 

basajaun

En algunos sitios, Basajaun es representado como un ser maligno, dotado de fuerzas colosales y agilidad extraordinaria.

También algunos relatos populares muestran a Basajaun como el primer agricultor, primer herrero o primer molinero. Los hombres, mediante tretas, obtuvieron de Basajaun la primera semilla de trigo y aprendieron su cultivo. El hombre también le robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y el del modo de soldar metales.

Los Basajaunes cultivaban trigo en Ataun, en la montaña de Muskia. Un día, un hombre valiente, San Martiniko, fue a visitarles con la intención de quitarles algunas semillas de trigo. Llevaba calzado ancho y retó a los Basajaunes para ver quién atravesaba mejor, de un salto y sin tocar ningún grano, los montones de trigo que tenían en su cueva. Los Basajaunes lo atravesaron fácilmente, pero San Martiniko cayó en medio del montón donde sus abarcas se llenaron de trigo. Luego se despidió y se fue monte abajo. Los Basajaunes se dieron cuenta de que llevaba grano de trigo en su calzado y lanzaron contra él un hacha, su arma arrojadiza, que no alcanzó a Martiniko.

basoa2

Los hombres ya tenían la semilla de trigo pero no sabían cuando sembrarla. Martiniko volvió a ir a la cueva de los Basajaun y les oyó cantar una canción: "si los hombres supieran esta canción, bien se aprovecharían de ella: al brotar la hoja, siémbrase el maíz; al caer la hoja, siémbrase el trigo; por San Lorenzo, siémbrase el nabo". Después de escuchar eso, San Martiniko sembró las semillas en otoño y en verano obtuvo la primera cosecha de cereal. Y así su cultivo y el uso del pan se extendió por todo el mundo.

Gracias a otra treta, San Martiniko consiguió quitar al Basajaun el secreto de la fabricación de la sierra. Según cuenta la leyenda ocurrió en Oiartzun, allí los Basajaunes fabricaban sierras pero San Martiniko no sabía como hacerlo. Para descubrirlo mandó a su criado a anunciar que ya había fabricado la sierra. Al oír esto, el Basajaun le preguntó si su amo había visto la hoja de castaño, "no la ha visto, pero la verá" contesto el criado. San Martiniko vió la hoja dentada del castaño y labró una lamina de hierro. De noche, Basajaun fue a la herrería de San Martiniko para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al encontrar una allí, le e torció, alternativamente, a uno y otro lado,  los dientes, queriendo así inutilizarla. Pero el resultado fue el contrario, y mejoró la herramienta. Desde entonces se extendió el uso de la sierra en el mundo.

basajaun3

De la misma manera consiguió averiguar San Martiniko, en Kortezubi, como el Basajaun soldaba dos piezas de hierro. Mandó anunciar que había conseguido el procedimiento para unir dos piezas y el Basajaun le preguntó al pregonero si San Martiniko roció con agua arcillosa ambas piezas. El pregonero contestó: "no lo hizó, pero lo hará". Así San Martiniko logró la soldadura del hierro y esa técnica se extendió por todo el mundo.

En Sara, el molino de San Martiniko era de roble y no aguantaba mucho, en cambio, el de Basajaun duraba mucho más. San Martiniko quería saber cómo era ese molino. Esta vez también utilizó el mismo método para averiguarlo: mandó a anunciar que su molino funcionaba perfectamente. El Basajaun dijo, "eso quiere decir que le ha puesto eje de aliso", a lo que el pregonero respondió, "se lo pondrá". Así los hombres pudieron usar sus molinos en todo el mundo.

Fuente: www.hiru.com

 

 
Anbotoko Mari (Mari Dama de Anboto)
 
 
Mari es la deidad principal de la mitología vasca. Representa la Madre Tierra. Se trata de un númen femenino en forma de una señora elegante. Su imagen varía según el pueblo o la zona geográfica. Mari puede aparecer portando en sus manos un palacio de oro, sobre un carro que vuela tirado por cuatro caballos, como una mujer en llamas que cruza el aire, puede estar montada sobre un carnero, como una mujer grande cuya cabeza aparece rodeada por la luna llena, etc. También se dice que adopta formas de animales cuando habita las regiones subterráneas que son su casa. Estas comunican con cuevas o simas donde ella aparece más a menudo. Acostumbrada a cambiar de morada y se le atribuyen unas cuantas en los montes Amboto, Oiz, Mugarra, Aizkorri, Aralar y Murumendi. A Mari también se la conoce también con el nombre de la Dama de Amboto. En Oñate se dice que cuando Mari reside en el Amboto, llueve copiosamente.

1177025637_f

 
En algunas leyendas estaba casada con Maju (también llamado Sugaar), y se decía que cuando ambos se juntaban se desataban tormentas.

Otra leyenda dice que Mari se casó con un mortal de Beasain que trató de bautizar a sus hijos. Como ella no era cristiana, se negó a bautizarlos y desapareció envuelta en llamas regresando a las peñas de Murumendi.

En la mayoría de las leyendas ella tenía dos hijos: Atarrabi y Mikelats, el primero bueno, malvado el segundo.

En ocasiones también se habla de la cautiva de Mari a causa de una promesa o de una maldición de su madre. Como ejemplo se puede citar el caso de una muchacha de un caserío que se pasaba las horas peinándose. La madre un día le dijo: "ojalá te lleven mil rayos", y al instante la hija desapareció. Más tarde se apareció en forma de esqueleto humano a un pastor en una cueva de Aizkorri y le explicó como se encontraba cautiva en los aposentos de Mari a causa de la maldición.

Mari desata tempestades, ayuda a quines creen en ella y a veces hace de oráculo, como en una ocasión en la que un hombre acudió a la cueva del Amboto pare pedirle consejo porque su ferrería no funcionaba, y esta le dio la solución.

Existía el culto a Mari en una serie de costumbres: obsequiarla con un regalo al año, frecuentemente un carnero; lanzar piedras al interior de las cuevas"En la planicie de Gaztelueta en la Sierra de Aralar hay un túmulo formado por piedras al que la gente arrojaba piedras en las noches de plenilunio. Existían charcas sagradas en las que hacían lo mismo las mujeres que deseaban tener hijos. También se depositaban monedas en las cuevas habitadas por los númenes, así se encontraron monedas romanas e íberas en muchas de ellas.

cueva2

 
También existía un protocolo al acudir a la casa de Mari que consistía en tutearla siempre, no sentarse nunca aún cuando ella lo pidiera, y salir de la cueva de la misma forma en que se había entrado: es decir, si se hubiera entrado mirando hacia al interior, habría que salir caminando hacía atrás.

Mari condena el robo y la mentira, y castiga quitando el objeto del robo o mentira. Se decía que Mari abastecía sus arcas a cuenta de aquellos que niegan lo que es y afirman lo que no es. Lo dado a la negación, la negación lo lleva. Mari castiga enviando inquietudes y quitando cosas, si son pastores suele llevarse un carnero. El castigo más ruidoso de Mari es el pedrisco, que lanza ella o su hijo Mikelats desde el mundo subterráneo.

Son muchas las leyendas, tantas como pueblos, que existen sobre Mari. En cada sitio existe una historia, una leyenda, que habla de su origen (en muchos casos con elementos posteriores al cristianismo, como el demonio, el bautizo, etc).

Aunque su morada principal está en Anboto, las cumbres del Oiz y del Aketegi (es conocida también como la "Dama del Aketegi" o "Aketegiko dama") son también de importancia para ella, junto con otras como el Murumendi o el Txindoki. Dicen que cada siete años cambia de morada, y en ese cambio se le puede ver surcar los cielos en un carro de fuego; dependiendo de la cumbre que habite, así será el tiempo que haga, lluvioso o seco. Otra característica es su larga cabellera rubia y la costumbre de peinarla al sol con un peine de oro a la entrada de su cueva.

Su presencia se hace incluso visible para el que observa el efecto del perfil de las montañas que se asemeja a una dama tumbada: la nariz de la dama (el Alluitz), el cuello (el llamado paso del diablo o puente del infierno (infernuko zubia) y los pies (el Amboto).

Distintas leyendas cuentan el origen de Mari, la más conocida dice que en una familia sin descendencia la mujer deseaba como fuese tener un hijo, a pesar de que a los veinte años se le tuviese que llevar el diablo, y al fin quedó embarazada de una hermosa niña. Días antes de que la muchacha cumpliera los veinte años su madre la encerró en una caja de cristal y la vigiló día y noche, esfuerzo inútil ya que el mismo día de su cumpleaños el diablo rompiendo la caja se la llevó consigo a la cima del monte Amboto, donde habita desde entonces.

 
Otra de las leyendas sobre la procedencia de Mari, de la cual existen distintas versiones, cuenta que una madre y una hija vivían juntas. Un día la madre enfadada maldijó a la muchacha diciéndola: "Ojalá te lleve el diablo". Al decir esto apareció el mismo diablo y se la llevó y la dejó vagando por los montes de la zona para siempre. En otras versiones de esta leyenda la maldición de la madre es distinta "Ojalá vueles por los aires tantos años como granos tiene una fanega de alubias rojas"

Una de las leyendas más importantes es la que nos cuenta por qué Mari habita y es vista en todos los Montes vascos. Mari es la encargada de llevar el buen y el mal tiempo de un lado a otro en el País Vasco y se dice que cuando Mari está en Amboto llueve, cuando está en Aloña hay sequía y cuando está Supelegor las cosechas son abundantes.

viajes7

 
Frecuentemente se ha asociado a la "Dama" con personajes de la historia de Vizcaya, creando una simbiosis entre mitología y historia, dando lugar a leyendas con diversas versiones:
 
Una de las leyendas cuenta cómo Doña Urraca, hija del rey de Navarra, se casó con Pedro Ruiz, señor de la casa de Muntsaratz de Abadiano. El hijo mayor, Ibon, era el destinado para ser el heredero y odiado por su hermana menor: Mariurrika. Un día en el que se encontraban en el Amboto mientras el hermano dormía, después de comer, movida por el odio y la envidia arrojó a su hermano, con la ayuda de una criada, por las verticales paredes de la montaña. A su regreso dijo que su hermano se había despeñado. Acosada por la conciencia, una noche se presentaron en Muntsarantz los Ximelgorris o genios diabólicos. Desde entonces ha desaparecido y se dice que habita en las cuevas de Amboto.

También se le vincula con el primer señor histórico del territorio, Diego López de Haro, al que se supone casada. Al casarse le hizo prometer que nunca se santiguaría en el interior de la casa, pero un día éste incumplió su promesa y Mari, inmediatamente, salió de la casa volando con su hija. Esta leyenda muy bien puede hacer referencia a los pactos alcanzados para mantener a Vizcaya dentro de Castilla y a la traición que los señores de Vizcaya realizaron cristianizando el país (y rompiendo el pacto con Mari). Esta leyenda es similar a la que narra la maldición de Melusina, debido a la maldición que su madre le hecha Melusina está obigada a convertirse los sábados por la noche en mitad serpiente, cosa que ocultó a su marido hasta que éste la descubrió, lo que provocó que ésta huyera volando.